En mayo se cumplió un año desde que los museos y las instituciones culturales de España reabrieron sus puertas tras el duro confinamiento general del país de 2020. Las instituciones museísticas se prepararon concienzudamente para ofrecer unas visitas con la mayor garantía de seguridad sanitaria.

El BOE del 9 de mayo, en su capítulo IX, artículo 26, estableció las “Condiciones para la apertura al público de los museos”. En esta primera legislación de apertura se regulaban aspectos que han permanecido todo este tiempo, como que “El uso de los elementos museográficos diseñados para un uso táctil por el visitante estará inhabilitado” o el control de aforos.

Otros puntos iniciales de aquel BOE han desaparecido, adaptándose a la evolución de la pandemia, como la prohibición de actividades culturales y didácticas.

En este nuevo museo que no se puede tocar se diseñaron recorridos museográficos unidireccionales y se eliminó la papelería. Para sustituir los folletos y trípticos se recurrió al uso de los códigos QR, que servían como punto de acceso de la información online.

Como pudimos observar, en este contexto de imposibilidad de usar elementos táctiles se ha visto que recurrir a la tecnología era una excelente opción para seguir ofreciendo un servicio al visitante.

Aunque puede que algunas instituciones estén optando por las tecnologías en exceso. No como una herramienta sustitutiva de los elementos táctiles, sino ya como sustitutiva del personal de mediación cultural.

Así se observa en dos noticias de los últimos treinta días.

Un robot como guía en el MEAM

En mayo el Museo Europeo de Arte Moderno de Barcelona, el MEAM, sorprendió a todos con su robot guía, Pepper. El robot pertenece a la compañía Yasyt Robotics.

Este androide Pepper ya había ejercido como guía de visitantes en el año 2018 en el Smithsonian. También existen estudios de los laboratorios de robótica de Japón (dicen que son los mejores del mundo en esta especialidad tecnológica) sobre cómo implementar robots guía en las exposiciones, con todas sus necesidades técnicas.

Es buen momento para recordar que los sistemas robóticos que propician una visita telemática, como After Dark de la Tate Britain en 2014 o la iniciativa del Hastings Contemporary Museum, no tienen nada que ver con las visitas guiadas por robots.

Volviendo al tema y a nuestro país, aunque se han empleado robots para acompañar a los visitantes de eventos en los últimos años, es probable que este del MEAM de Barcelona se trate del primer robot guía de museo en España.

En la prensa, el director del MEAM asegura que la presencia de Pepper «no ha supuesto el despido de los guías de carne y hueso, que siguen trabajando los fines de semana como hasta ahora.” Aunque, desde luego, no ha habido una contratación de personal humano que trabaje como mediadores entre semana que suponga la alternativa a un guía tecnológico.

Robot guía Pepper del MEAM de Barcelona
Imagen de la página de Facebook del MEAM de Barcelona

Códigos QR para los visitantes del Monasterio de Poblet

Esta semana Maria Palau alertaba de la situación dramática del Monasterio de Poblet, un monumento Patrimonio de la Humanidad desde 1991.

Se ha aplicado un ERE a los trabajadores que ha supuesto el despido de 15 de los 22 empleados que realizaban las labores de atención a los visitantes.

El cierre de la hospedería y el centro de visitantes viene acompañado con la anulación de las visitas guiadas. La falta de personal no será problema para que el público presencial tenga información de su recorrido por el cenobio catalán. Según cuenta uno de los trabajadores entrevistados por Maria Palau, “nos dijeron que quieren activar un nuevo sistema de visitas en el que las personas se sustituirán por códigos QR”.

Aquí está el problema: el de acabar con la mediación cultural, el de eliminar servicios de atención personal. Es correctísimo -y necesario- que existan puntos de información (con QR u otro tipo de elementos) a lo largo de una visita, pero debe de ser complementario a la existencia de profesionales que hagan su trabajo de mediación.

En esta misma línea, ya hace meses se ha denunciado la situación de los trabajadores culturales de algunos monumentos públicos de Catalunya. Se fueron eliminando sus puestos como personal de atención al público, que ofrecían una variedad de servicios como venta de entradas, explicación del patrimonio, información sobre el monumento y la comarca…Pero ahora ese puesto de trabajo ha desaparecido, sustituido en parte por el personal de seguridad.

Quizá se espera que los códigos QR acaben haciendo la sustitución completa de los profesionales cualificados.

Fachada del Monasterio de Poblet
Fachada del Monasterio de Poblet
Fotografía de Gerd Eichmann

La tecnología como complementaria a la mediación cultural

La tecnología tiene que estar al servicio del sector cultural. Debe ser complementaria a la presencia de un personal cualificado de atención al público y de mediación ante el patrimonio y el objeto cultural.

Desde hace décadas existen todo tipo de materiales tecnológicos distribuidos por los museos: pantallas táctiles, ordenadores, proyecciones…Incluso se han desarrollado herramientas de uso individual, como las audioguías, las aplicaciones o las propias páginas web de las instituciones culturales.

La existencia de todas estas tecnologías tiene que facilitar la accesibilidad y complementar la visita. Al mismo tiempo, estas tecnologías deben convivir con la presencia de mediadores culturales. Especialmente las herramientas de uso individual, como las que se activan gracias a los códigos QR y que tanto éxito han tenido en esta «nueva normalidad».

Así ha pasado, por ejemplo, con los edificios seleccionados por el 48 Open House Barcelona: muchos eran visitables los dos días del evento, pero se ha mantenido un código QR en la fachada para seguir accediendo a los contenidos sobre la arquitectura.

Código QR de la 48 Open House Barcelona

Pero ya han pasado los meses de prohibición de servicios de guía y demás actividades de interpretación del museo, la exposición o el monumento. Volvamos a recuperar el espacio que tenía el intérprete de patrimonio, el mediador cultural, respetando todas las medidas sanitarias dictadas por la administración de turno.

Las nuevas tecnologías para interpretar el patrimonio y el futuro

Habrá (hay) lugares del ámbito rural, de comarcas envejecidas y despobladas que no puedan permitirse que haya personas que interpreten el patrimonio allí. El progresivo envejecimiento de la sociedad europea no hará sino acelerar este proceso. Por eso es interesante que se vayan probando estas nuevas tecnologías como recurso de accesibilidad al patrimonio más olvidado.

Mientras tanto, tenemos que trabajar todos para evitar que este futuro sea cada vez más cercano. No podemos permitirnos la pérdida de un valor humano que medie entre el espacio cultural y el visitante.

Los museos y los atractivos culturales no se pueden convertir en gasolineras de autoservicio, vacíos del necesario factor humano. Por eso hay que tener cuidado con la implantación de tecnologías que solo sirvan para sustituir a los profesionales.

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2 Comments

  1. Pere Viladot el 05/06/2021 a las 15:20

    Gracias por este comentario tan equilibrado. Quien piense (y demasiados lo hacen) que la interacción personal puede ser substituida por una máquina o un código, a poco que reflexione se dará cuenta de que estos útiles (muy útiles), tienen que añadir valor a la primera., no substituirla. También creo que muchas veces, (y el caso del MEAM quizá lo sea), se trata de ser «innovadores» malentendiendo por innovación, novedad (¡aunque si el robot es de segunda mano, vaya novedad!)

    • La cultura social el 07/06/2021 a las 12:28

      Muchas gracias por tu comentario, Pere.
      Coincido absolutamente contigo: la tecnología tiene que estar al servicio de la interpretación del patrimonio. Y, por supuesto, bienvenidas las innovaciones, los nuevos usos de la tecnología para abrir camino hacia posibles futuros en los museos y el patrimonio.

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