La Noche Temática de la 2 es ese programa de la 2 de TVE que se adentra en la madrugada del sábado con dos documentales que giran en torno a temas de la actualidad.

La noche del pasado 2 de octubre, en el segundo canal de televisión española se emitieron dos documentales que relacionaban la destrucción del patrimonio y las guerras provocadas por el fanatismo islamista. Se trata de Antigüedades de sangre y En el nombre del patrimonio.

El arte en el Archivo de Radio Televisión Española

Documentales sobre patrimonio en conflictos bélicos

Antigüedades de sangre es una película documental francesa de 2020, dirigida por François Cardona y Paul Canabis. Lo puedes ver en la web de RTVE hasta el 17 de octubre.

En el nombre del patrimonio también es una película de Francia. Se estrenó en 2021 y su director es Thomas Raguet. Disponible hasta el 1 de noviembre en abierto en la web de La Noche Temática.

Los dos productos audiovisuales dan una idea de qué puede pasar en Oriente Próximo, ahora que los talibanes han vuelto a dominar Afganistán. Y qué sucede en áreas que todavía están en guerra o con grandes zonas controladas por grupos terroristas islámicos. Los ejemplos son de sobra conocidos: Siria, Libia, Nigeria, Mali…

La promoción en vídeo de la destrucción de patrimonio

En la película de En el nombre del patrimonio se ilustra como los talibanes, Daesh y otros grupos movidos por el integrismo islamista están haciendo una meditada política de destrucción del patrimonio.

Lo hemos visto en 2001 con los Budas de Bamiyan, las ruinas romanas de Palmira en 2015, el Museo de Mosul también desde 2015.

En todas las ocasiones se han preocupado de grabar esta devastación de las estatuas milenarias y enviar los vídeos al mundo. Las redes sociales propagan con facilidad los vídeos. Pero también su mensaje, que va a sus partidarios, pero también a sus enemigos, pasando por otros musulmanes que no practican la religión de forma tan rigorista.

Según los ejecutores, la devastación del patrimonio tiene un propósito elevado: es un mandato divino. Y no pueden sino llevarlo a cabo, cueste lo que cueste y contra cualquier criterio histórico, legal o de valor monetario.

Palmira antes del Daesh
Ruinas de la ciudad de Palmira antes de la destrucción del Daesh
Fotografía de Dosseman

Una destrucción calculada del patrimonio

La edición de los vídeos realizada por sus autores demuestra el conocimiento del patrimonio que poseen grupos como Daesh o talibanes. Porque entre los fotogramas adjuntan fotografías de archivo de los trabajos arqueológicos de los europeos en el momento en que han descubierto las obras mesopotámicas que están eliminando. Porque no es sólo la destrucción del arte anterior, sino de la arqueología dirigida por los occidentales y de los museos que ayudaron a levantar los europeos y norteamericanos.

Por otro lado, supone un ataque a la memoria de los pueblos, de sus referentes anteriores a la llegada del Islam. El resto de civilizaciones que han existido en el suelo donde se encuentran estos estados terroristas deben de desaparecer.

Solo hay sitio para un pueblo que cumple con el rigor exigido por la interpretación de los textos religiosos.

El patrimonio que se pierde: de Mesopotamia al arte islámico

El integrismo de estos grupos islámicos hace que no sólo se destruyan elementos patrimoniales de Mesopotamia, Grecia, Roma, la cristiandad o los museos creados en el siglo XX.

Porque también se están eliminando espacios patrimoniales que no siguen los “auténticos” preceptos del Islam, según estos fanáticos. En los documentales se mencionan unas tumbas islámicas en Tombuctú donde estaban enterradas unas personalidades consideradas santas. O la voladura del minarete inclinado de la mezquita de Al Nuri en Mosul, importante ciudad de Irak. El Daesh, en 2017, viendo que iban a perder la ciudad de Mosul, prefirió dinamitarlo.

Mezquita y Minarete de Al Nuri en Mosul, antes de la destrucción por el Daesh
Fotografía de Faisal Jeber

Otra destrucción silenciosa: la venta ilegal del patrimonio

En la película de Antigüedades de sangre se explica otra cara de la destrucción del patrimonio en los territorios donde hay una guerra contra los estados islámicos: el expolio y el robo de arte y piezas arqueológicas.

Ante la falta de control del territorio, tampoco hay protección del patrimonio. Hablamos de museos en zonas de guerra y monumentos levantados en medio del paisaje. Pero también de miles de quilómetros cuadrados de áreas arqueológicas que quedan por excavar, con una tierra que se sabe que preserva tesoros artísticos todavía por descubrir. Sin ningún tipo de vigilancia. Una tierra de la que es relativamente fácil extraer objetos artísticos de calidad, desconocidos para los estudiosos y fuera de todos los catálogos.

En el documental se pone el foco en Libia. Las esculturas clásicas de la Cirenaica romana, con un característico tono rojizo otorgado por los componentes químicos del suelo del lugar, han entrado en los mercados de objetos arqueológicos de toda Europa. La mayoría de estas esculturas que aparecen en las vitrinas de las tiendas no tienen una historia con una trazabilidad sólida, por lo que se cree que han salido de manera ilegal.

Aquellas figuras que consiguen vencerse en las galerías de arte y arqueología acaban financiando de manera indirecta al terrorismo islamista. Porque el mercado de estas piezas de arte que salen de forma ilegal acaba sosteniendo económicamente a los estados islámicos.

Crímenes contra el patrimonio

Ante la desaparición del patrimonio en los países islámicos en situación de guerra, ya sea por venta de piezas o por la destrucción del arte y la arquitectura monumental, han comenzado a moverse las instancias internacionales.

Así, se ha empezado a crear una serie de legislación y actuaciones judiciales para castigar los daños irreparables sobre el patrimonio. Por ejemplo, el Tribunal Internacional de La Haya juzgó en 2016 sus primeros crímenes de guerra relacionados con el patrimonio. La primera condena sancionó el derribo de los mausoleos de Tombuctú.

Desarticulación de una red de venta de antigüedades

Por lo que se refiere a la venta ilegal de patrimonio, el documental de Antigüedades de sangre explica el caso del anticuario de Barcelona Jaume Bagot. En 2018 a Policía Nacional logró demostrar por vía judicial la existencia de una trama que exportaba ilegalmente las piezas libias hasta Europa. Este trabajo fue posible gracias a la colaboración de las autoridades libias y un estudiante de doctorado experto en expolio de arte romano de este país.

Dicha actuación policial fue la primera vez que se logró conectar en Europa el expolio de Libia con la actividad comercial de algunas galerías de antigüedades.

Defender el patrimonio desde los países del Golfo

Por otro lado, alejados de la destructora actividad del terrorismo de los autodenominados califatos, hay países árabes, como los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, están promocionando la conservación del patrimonio.

Estos estados ya consideran al arte y el patrimonio como un valor cultural, pero también económico. Así se entiende la necesidad de crear un Louvre en Abu Dhabi.

Por tanto, se refuerza el vínculo con la cultura como una forma de diplomacia internacional.

Y aquí entra también la protección de los lugares preislámicos, hasta hace pocos años muy poco atendidos. Están siguiendo la estela de Egipto, que aprovechó el desfile de los faraones para mostrar al mundo su nuevo Museo Nacional de la Civilización Egipcia y la restauración de los monumentos de su patrimonio nacional.

Museo de Mosul en Irak
Fotografía de Levi Clancy

Aliph: protección del patrimonio

En este contexto de necesidad de recuperar cuanto antes el patrimonio perdido, están naciendo nuevas organizaciones transnacionales. Una de ellas es Aliph Foundation.

La organización es una alianza internacional para la protección del patrimonio en las áreas de conflicto, en respuesta a las actuaciones más bárbaras.

Fue creada en 2017 con el apoyo inicial de Emiratos Árabes Unidos y Francia. Hoy trabajan en la rehabilitación del patrimonio en 99 proyectos de 22 países en 4 continentes.

Destrucción de patrimonio mezquita minarete de Mosul Al Nuri
Destrucción del patrimonio: el Minarete de Al Nuri de Mosul tras la voladura por parte del Daesh
Fotografía de Lavi Clancy

La reconstrucción del patrimonio

El documental de En el nombre del patrimonio se cierra con las reconstrucciones de los edificios perdidos. Por ejemplo, la del Minarete de Al Nuri de Mosul. Sobre el campo ya están trabajando obteniendo datos para la reconstrucción virtual de este elemento arquitectónica del edificio religioso.

Esta tecnología permite conocer cómo está la estructura, a partir de la cual se puede consolidar y quizá reconstruir. También se puede conocer grosor de los muros y los pesos y con ello evaluar los problemas arquitectónicos de la restauración.

El arte virtual, ¿mucho mejor que el objeto artístico?

El patrimonio, motor de la comunidad               

En paralelo al trabajo de estudio y reconstrucción, un anciano de Mosul explica qué significa perder un monumento cuando recuerda el minarete de Nur al Din: es perder una parte de nosotros mismos, de la comunidad. «La tierra nos pertenece a todos», recuerda cuando menciona cómo convivían diferentes etnias: cristianos, judíos, musulmanes. Y todos participaban en las fiestas religiosas de los demás, estrechando lazos entre la comunidad.

Uno de los religiosos católicos de Mosul también apoya las reconstrucciones del patrimonio: “Invertir en la piedra es invertir en la humanidad. Cuando dedicas tiempo a dar forma a una piedra, estás pensando en la siguiente generación”.

La protección del patrimonio contribuye a proteger la comunidad. Y también contribuye al desarrollo, no sólo económico. Por eso, aunque sigan existiendo todo tipo de conflictos bélicos que afectan al patrimonio de los países islámicos, hay la esperanza de que otros estados musulmanes están apostando por valorar la herencia histórica y artística de sus fronteras y las de los países de su entorno.


Más información de los documentales:

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